Comunicación bucosinusal. Así se llama lo que tengo. En inglés: oral antral communication. Es una cosa mala, una mierda, un bajón. Sabes eso de que te dicen que tienes que hacer algo (una extracción) para estar mejor (me dolía un poco y no daban con el motivo), te fías, tiras palante… y después estás peor. Mucho peor. Muy mala suerte. No se puede hacer nada. Y es una extraña sensación, porque por un lado parece efectivamente que no se puede hacer nada, parece que era del todo inevitable (la única manera de haberlo evitado era no realizar la extracción), pero cada día me pasa alguna cosa relacionada con ello (dolor, fiebre, molestia, comunicación), y no me puedo quedar tranquilo pensando que quizás debería estar haciendo algo al respecto para no estar peor…
El finde pretendía hacer vida normal, con cuidado, porque la vida normal en estos últimos tiempos ha sido bastante intensa… Kriyas no puedo hacer, impensable. Fui un ratillo al gym el sábado, y ayer a comer y a pasear y echar siesta al Retiro, con Pitiu, a ver un poco qué pasa en la naturaleza, respirando pólenes y eso, de cara a decidir si hago el curso del puente en Guadalajara, y el resultado ha sido un poco mal: por la noche estaba extenuado y mal de la tripa y con un poco de fiebre.
Pero bueno, iré por partes. Me parece que la redacción hoy será un poco meandrosa, ya que tengo la cabeza loca y quiero escribir desde otro lugar, no desde la razón rígida, porque la mente no me ayuda mucho. Por ahí puede venir una de las lecciones de todo esto: la mente, a veces, no soluciona las cosas…
El viernes, después de una reunión labo laboral que se me hizo eterna, nos invitó una productora a comer a un restaurante genial. Es una de las cosas buenas de mi curro, tener acceso a estos lugares que por mi cuenta no sé si lo haría. Es fusión japo peruana española, más o menos. Me he dado cuenta que para mi actual vegetarianismo los menús degustación se tornan complicados… Decidí aceptar pescado como animal de compañía, y palante. Muy bueno todo.
Acabamos bastante tarde la sobremesa, así que me dio tiempo a descansar más bien poco antes de ir al Real a la ópera que me tocaba de abono: “Orpheus und Eurydike”, de Ernst Krenek, con libreto de Kokoschka, en versión concierto. Es música atonal, estrenada en 1926, y si bien la versión concierto de cualquier ópera es un poco más aburrida, sumado al ruidismo del género, entiendo que no sea una pieza fácil y que la gente marchara en los entreactos, pero a mi me gustó. Bastante. Lo impredecible de las evoluciones, y el guión delirante, siendo además bastante corta para la media (menos de 2 horas), me hicieron disfrutar.
Cómo mola la mitología, los dioses, las ninfas, el inframundo, y eso de que la gente muere y resucita y remuere y se encuentran en el reino de los muertos y se vuelven a asesinar… estupendo. A ver si nos creemos que esto del Coyote y el Correcaminos o Tom y Jerry o Rasca y Pica, que se mueren y vuelven en la siguiente escena, es un invento actual…
Luego, en mi motillo a una cena fenomenal, impulsada por lifeonmars y Xabi, en un italiano al ladico de casa de éste último, con un alegre grupete (Mr. E, Unflashybasta, Edu, Cosimo y TB97). Yo estaba un poco regulero de salud psicofísicabucal. Además de todo lo que me pasa, el día de antes me había percatado de que la tonterida de no comer sólido en dos días por el malestar, había sido el colofón a campañas anteriores (abstinencia, kriyas, entrenamiento, vegetarianismo) que, sin buscarlo, tuvieron como efecto colateral una drástica bajada de peso. Sesenta y poco estoy pesando. Como 7 (o más) kilos menos en tres meses. Así es que, a pesar del malestar, me he puesto a comer bien y mucho (sin ojos, clarostá). Me pedí una pizza asín de grande, te lo puedes creer, de provolone y cebolla.
Me retiré al acabar, que estaba agotao, y creo que se marcharon todos. El sábado había quedado con Tugramola, un plan fenomenal que refleja cómo ha cambiado el cuento: le pasé a buscar para ir al gym, y ahí me presentó a su amigo, presidente o director o lo que sea de un grupo de deportistas gayers. Y todo por la mañana de sábado. Hice low impact, que ya desde el día anterior los antibióticos de caballo me estaban dejando baldado, por no entrar en detalle con temas intestinales (como bien me han aconsejado, yogur y kefir ya me han medio calmado). Después de entrenar fuimos a mi chino buffet vegetariano preferido, y dimos un paseo por la Gran Vía y aledaños.
Le llevé en mi Poyota a unas cosas que tenía que hacer él por Cuzco, y me acerqué a La Casa Encendida a esperar pacientemente a que pusieran a la venta las entradas de última hora para la Electrónica en Abril de esa noche, que Gallo me había dicho que me quería presentar a un amigo suyo, famosísimo diseñador argentino, que allí estaría. Por los pelos conseguí tickets; pasé por casa a cambiarme, y regresé a la hora, para encontrarme con Monik y Gallo. El primer live era un poco rollo, y el chunda chunda muy estridente para mi actual estado, me vibraban los parientes y los tempranos, así que marchamos a la calle Argumosa, a una terracita fenomenal, a picotear algo. Volvimos ya casi empezando Kalabrese, que me gustó mucho. El ambiente humano que allí se conforma, más ese deep house con banda en directo, dejaron muy buen sabor de boca.
Luego los tres con el diseñator, Alejandro, fuimos al Josealfredo’s; conseguimos mesilla, o sea que fenomenal, y charloteamos unos ratos. Me encontré con alguna gente; con una persona en concreto tuve una charla clarificadora, que me lleva a pensar que las teorías kármicas se aplican a todo en esta vida. Dimos un paseíllo por la zona, dudando si prolongar la velada, pero coincidimos en que lo mejor era que no. Dejé a Alejandro con mi taxi en casa de Gallo, y a la cama.
El domingo quedé one more time con Gallo y Alejandro, en la misma esquina de mi casa, y dimos un paseo por el Rastro. Luego me encontré con Pitiu, y los cuatro tomamos algo en una terracita de la Plaza de la Cebada. Ellos marcharon a sus cosas, y me quedé con Pitiu. Comimos en La Musa, cogimos un kefir de postre en Viva La Vida, y nos fuimos andando al Retiro; y ya pasó más o menos lo que contaba al principio.
Empecé a escribir esto anoche y lo estoy rematando en el curro. En un rato voy a un maxilofacial hermano de una productora amiga, a que me de una segunda opinión. En Adeslas pondré reclamación, sin duda, en cuanto tenga más información y vea el alcance de todo esto. Hoy tengo que decidir si hago el curso en el campo este puente, o no. Tengo sentimientos encontrados, pero no me quiero agobiar.
Si me voy, no creo que actualice antes, por lo cual el blog estará un semanita más o menos cerrado por vacaciones. Ni idea si hay wi fi en el hotel rural, pero prefiero desconectar del todo si lo hago.
Y si me quedo, pos lo mismo desconecto también… Al ver verás
Actualización 18:33:
He ido a uno de los cirujanos maxilofaciales que me recomendaban, al que me podía atender hoy, uno famosísimo y caro. Me dijo que eso así tal y como lo tenía, estaba mal, y que estaría peor de no remediarlo a tiempo. Fenomenal, justo lo que me temía. Me ha hecho otra intervención quirúrgica, limpiando todo, sellando, cerrando, y me ha dado puntos. Me duele un poco, pero estoy mucho más tranquilo: no era nada normal lo que me pasaba, por mucho que se empeñen en hacérmelo creer los de Adeslas. Caerá reclamación, fijo, en cuanto valore los perjuicios, incluyendo estos gastos (esperaba mucho más la verdad, pero lo que sea es poco en estos momentos).
Mañana vuelvo al médico y me acaba de contar, pero he cancelado el curso de este puente. Me parece muy precipitado. Prefiero hacerlo al 100% el siguiente, cuando esté mejor.
Mi renacer espiritual tendrá que ser más gradual…
















