Amnestesia

Desnudo, tapado con una de esas telas verdes con agujero, en la camilla del quirófano, y la monja de verde zascandileando alrededor. Dos médicos, o uno y medio, deduzco que jóvenes tras su barbijo, y ninguno de los dos es el cirujano codillo que me atendió unos días antes, el que me operó del lunar de la espalda. Están hablando de que cuando se cae al suelo uno de sus objetos quirúrgicos esterilizados, lo mejor es apartarlo y usar otro. Menos mal.

Me dice uno de ellos, con una jeringuilla en la mano:

– Esto primero te va a pinchar, y luego te va a escocer. Es normal. Es la anestesia.

Y efectivamente. Primero me pincha, mucho, y luego me escuece un montón. Y ahí mismo, en pleno goce y disfrute de mi escuecimiento, siento el ras del corte del bisturí en mi ingle. Y cuando digo siento, no me refiero al lo típico de sentir que te están haciendo algo pero sin dolor. No. Siento que me están cortando la ingle con un bisturí y me duele. Expreso mi malestar y me suelta:

– ¿Que te duele? ¿Qué, quieres que te ponga más anestesia?

Hubiera bastado con que dejaras que haga efecto ésta, cacho cabrón. Déjalo.

– ¿Estás bien? – dice la monja verde. – Te ha bajado la tensión o algo…

Y mueve la camilla, levantándola del lado de los pies. Luego se acerca con el frasquito y veo como con las pinzas meten dentro un trozo de mí para patología clínica. Ella ve que veo y ve que no estoy bien y va y me pone sobre los ojos un paño húmedo. No digo nada, estoy entregadísimo. Siento perfectamente y veo las estrellas con cada agujereamiento para los puntos. Uno aguanto. Dos aguanto.

– ¿Cuántos son?

– Tres.

Estupendo. Se acabó. Y ahora sí, entra el otro, el anciano rey de los cirujanos. Yo sé que me habla, pero no sé qué me dice, sólo oigo dolor. Luego en el coche creo recordar no sé que de Betadine, y me doy cuenta que no pregunté nada, ni si puedo mojarlo, ni sobre ir al gym, nada. Decido ser autodidacta. Ah si, que me dijo que vuelva el jueves a revisión.

Que era hoy. Ayer resulta que decidí no ir al gym por si acaso, no vaya a ser que me salten los troi points, pero me compré unos apósitos plásticos estupendos de 3M. 3M es una marca increíble; fueron clientes míos en una época. Visitamos sus oficinas y nos enseñaron las cosas que hacen, y es la hostia. Es como si estuvieran asesorados por una cultura intergaláctica superior o algo así. Desde el Scotchgard que impermeabiliza cualquier superficie o tela, hasta las balletas cósmicas, y las cintas refractantes, no sé, todo. Pues esto se pega así y queda realmente como una segunda piel finísima y ultra adherida con su compresa delgada.

Anoche tuve una cena fiesta de mi agencia a un cliente, ese del refresco de cola famosísimo. Éramos como 80 en el Ramsés, un restaurante/ bar modernísimo (se supone) en la Puerta de Alcalá. Decorado por Starck, me recordó mucho al Teatriz cuando abrió, que también estaba decorado por él, pero si no me equivoco, eso fué hace más de 15 años… O sea que Starck viene haciendo lo mismo desde entonces, ¿o qué? ¿O sólo en Madrid? Porque en Buenos Aires yo he visto cosas suyas mucho más chulas. Este local no está mal, pero tampoco está bien. La planta de abajo es directamente una purquería. Y el público, mejor ni hablar. Yo a este tipo de lugares voy solamente para este tipo de eventos, invitado, o sea que en el fondo lo agradezco, pero podría estar sin ello, vamos.

Total, que me lío. En este bendito lugar estuve un buen rato de pié antes de la cena; por suerte cenamos sentados, y luego otro buen rato de pié. Al llegar a casa, al cambiarme el apósito para limpiar la cicatriz, veo que está todo un poco amoratado. Pienso que ha sido una reacción al apósito, y me pongo para dormir una gasa y esparadrapo. Por la mañana no sé que hacer, me quiero duchar, así que me digo que no pasa nada, me pongo otro 3M plástico, y a la ducha. A la hora de comer voy al gym, hago solamente algunos aparatos de brazos y mancuernas y abdominales, y me ducho one more time. Debajo del plástico se ve más amoratonado…

A las 6 logro escaparme de la agencia, colgado del teléfono, en medio de unas discusiones tremendas con una directora de cuentas, sobre un cliente con el que tenemos que rodar pero no tiene el producto preparado a tiempo y todo se convierte en una milonga tipiquísima en mi trabajo que si me pilla con más bríos entro al trapo y arde Troya. Pero no, yo ya no, estoy yendo al médico y luego tengo terapia y me están pasando a nivel personal cosas mucho más importantes que estar peleando con esta panda de incoherentes mentales. Digo a todo si si, no no, y cuando tengo a toda la sala de espera mirándome intentando deducir sobre qué estaré hablando, cuelgo y hasta mañana que será otro día… No, pero ojo, que mañana es el día de la publicidad, San Publicito (se celebra el día de la conversión de San Pablo, como que el rayo que le mandó Dios fue el primer anuncio convincente, pero yo creo que antes que eso fue la serpiente con Eva, pero en fin), no trabajamos. Bueno, alguna gente trabaja irremediablemente, pero yo para esto de tal no voy a la agencia ni loco. Ya tengo el día ocupadísimo de cosas muy importantes, desde primera hora. Como mucho miraré los mails, que al salir de terapia tenía varios mensajes. Si puedo y quiero…

Que me vuelvo a liar y esto se alarga. Entro a la consulta del anciano cirujano codillo; vamos a ver, túmbate, y le explico lo del apósito plástico y me dice que da igual, que eso se puede mojar, y le digo que me ha hecho alergia y me dice:

– No, no, eso es de la anestesia, a veces pasa.

Tengo un cardenal amoratado de un tamaño considerable, toda la ingle, y me dice que es la anestesia… pero, ¿qué anestesia? ¿o será que…?

En efecto, hablando luego con Doris, todo me cuadra. El mermado del cirujano becario no es que me pusiera poca anestesia, es que me la puso mal, la pone mal, la puso mal, el nombre. Se equivocó de dermis, en vez de epi la puso Blas, y por eso me dolió y por eso está ahora de todos los pantones del violeta.

Amputar a esa altura de la pierna es difícil sin que afecte a importantes zonas genitales, así que eso descartado. Habrá que esperar a que remita, pero mira qué cosa el trabajo ese de bricolaje humano. Nunca lo voy a entender. De momento, para el próximo, tararí que te vi: será con láser o con frío o alguna de estas técnicas menos invasivas.

Y sin anestesia.

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6 comentarios to “Amnestesia”

  1. mal Says:

    un poco tercermundista todo el tema de la cirugía, ¿no? creo que si entro en el quirófano y me encuentro con una monja salgo corriendo. aún tengo pesadillas con el exorcista 3 que estaba plagado de monjas enfermeras.

  2. Telecine Says:

    mal, si, pero hasta donde yo sé, los médicos pifian mucho en todos los mundos… es una ciencia muy poco exacta, que tiene eso, más de bricolaje que de otra cosa. A ver, yo las llamo monjas porquue sé que son monjas, pero no van de monjas, van de enfermeras o auxiliares. Habrá gente que ni sepa que son monjas, parecen más bien beatas mayores civiles…

  3. astredu Says:

    Buff qué dolor! Siempre que vamos a Madrid te operas de algo! 😛

  4. Telecine Says:

    astredu, jaja,suena fatal eso,pero es más o menos verdad…

  5. Laura Says:

    Y a mí me dicen que uno de mis problemas es que no confío. Obvio: en los médicos no confío! Y cada vez me dan más la razón.
    Cuidate baby, buen finde!

  6. Telecine Says:

    lau, si, pero no, porque al final tampoco pasa nada grave porque no son cosas graves… Creo que para las cosas graves son un poco más precisos, pero claro, hay mucho fracaso porque la cosa venía mal de antes…

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