Posts Tagged ‘meditación’

Un año es mucho, un año es poco.

enero 9, 2010

Hoy hace un año me despertaba la llamada de Lau, muy temprano, amaneciendo, para contarme que ya está, que ya había pasado, que papá se había ido. Ya lo conté, no me voy a repetir, lo de la nieve y todo. Hoy no, no ha nevado, pero ha sido más raro aún si cabe: uno de los días más fríos del invierno, pero con un sol radiante. Qué cosa más extraña.

Fuí a entrenar, volví a casa, hice mis prácticas, acabé el recopilatorio de invierno, comí, y me fuí a una reunión en la que hablamos un poco del viaje que haré a la India a fin de mes. Me aclararon muchísimo, ya contaré. Meditacón, merienda cena, dónde tengo la cabeza. Después iba que iba a la Galileo, al Neu, a un concierto de Pumuky, pero se me había hecho tarde y no conseguía aparacar y no había hablado con mi madre y estaba mal el link de complilado…

Así me pasa a veces, que o paro y hago algo que alise las arrugas de las sábanas, que quite el pegote a los tiradores del armario de la cocina, que limpie la gota de agua del espejo, que recoja esa una miga chiquita (pero muy blanca) del parquet… o no me quedo tranquilo. Todo mal, todo bien. El link ya está corregido, hablé con ella, y figuro en la esquela de aniversario, en un periódico de ashá. Listo.

Puedo desconectar, un ratito, qué frío.

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Tengo que tranquimizarme

mayo 7, 2008

A ver de qué me iba a pensar, que 40 días seguidos de kriyas y meditación, todos los días, y luego otro mes día por medio, no me iban a estar haciendo efecto, regulando, equilibrando. Desde el 23 de abril que me quitaron la muela, no había podido volver a mis prácticas, y tan agobiado estaba con la comunicación bucosinusal, la infección posterior, la intervención quirúrgica, la medicación, todo… No fui consciente de que había detenido de una forma tan tajante ese hábito saludable, terapéutico.

Ha sido en estos días del puente. A mi irritación característica, que se sumaban los efectos de los antibióticos, que me tenían fatal a nivel digestivo, me empecé a encontrar alteradísimo, con los niveles de compulsión muy elevados. En seguida supe que, tal y como yo presentía, las prácticas me habían ayudado mucho a sobrellevar todos los cambios de los últimos meses, y al parar, lo estaba notando. Mira, un lado bueno a esta cagada, si cabe. Así y todo, tardé dos días en ponerme otra vez, en sentarme a vaciar la mente, 20 minutos. Me siento y no hago nada más que eso, sin expectativas, sin autosugestión: sólo vaciar, elevar, observar.

“El mundo está en la mente”. Así se titula un libro de extractos de Yoga Vasishta. El mundo terrenal es ilusión, y parte de su propia definición es atraparnos en sus contradicciones, apegos, incomunicación, aislamiento, deseos, confusión. La mente es su perfecto aliado; es como un pez fuera del agua; no para, y la mía es especialmente atacada. Estoy aprendiendo a observarlo, a ver cómo me he pasado toda la vida así, con la mente a mil, permanentemente haciendo comprobaciones de alteración. Insistiendo en buscar algo que esté mal, para que todo esté bien, o sea, como siempre.

En análisis también estoy tratando esto. Es una suerte poder llegar a lo mismo por dos caminos tan distintos. ¿Por qué me cuesta tanto estar tranquilo? ¿A tal punto puede llegar el habituamiento a un estado alterado, como para que deje de ser conciente, que de tan normal pase a ser EL parámetro de la vitalidad? ¿Será que para mi estar tranquilo es estar como muerto?

¿Cómo me sentiría si por fin estuviese tranquilo? Los síntomas físicos son un parámetro; estar mejor de la piel y del aparato digestivo sería señal de que voy bien. Pero va más allá. Estar tranquilo sería estar presente, vivir cada cosa que hago y hacer sólo lo que hago, en cada momento, con libertad y seguridad. Sentir y transmitir paz. Otra cosa que pueda que me impida desear y generar calma, es confundirla con inactividad, y no es así. El ejercicio físico, el sexo, la música estridente, reir, bailar, cantar… hay muchas cosas que no son calmas pero que me calman. La energía psíquica y física y emocional tiene que desgastarse, tiene que rular, generar expansión, creatividad. Tiene que salir.

En eso estoy. Por varios frentes. Dándome cuenta que no es en el trajín cotidiano, ni en las relaciones, ni en las expectativas, ni en el deseo que voy a sentirme vivo. La realidad está dentro, pero no dentro de adentro, sino en el universo, en el todo lo que es más que uno, que se accede desde dentro. Es una expansión de luz desde el interior. Desde un punto en el corazón, desde un punto en el centro de la cabeza, sentado, en silencio, con los ojos cerrados, la espalda y la cabeza rectas, centradas. Lleno de vacío. Pure bliss.

Se ha abierto otra orquídea en la planta que tengo hace más de un año y medio, en el salón. De momento es la última, no hay más capullos (con perdón).

Trabalenguas vital

marzo 17, 2008

Qué fácil sería todo si se pudiera saber cómo hacer bien las cosas. Pero lo peor no es saber o no saber, ya que con afán de aprendizaje y por el procedimiento de ensayo error, más un poco de sentido común, podemos aproximarnos a la manera buena de hacer las cosas. Lo peor es que hacer las cosas bien no siempre es garantía de que las cosas vayan a ir mejor.

Nuestro ánimo atraviesa estados diversos con gran autonomía, a veces al ritmo de los acontecimientos, pero otras veces varía sin motivos aparentes y más allá de nuestro control. Damos a las emociones un poder diagnóstico y profético sin pararnos a pensar por qué creemos que tienen esa capacidad. Pensamos que sentirnos bien es síntoma y reflejo de que las cosas van bien, y para nada funcionan así las cosas.

El yonqui se siente bien después de su dosis; ¿quiere decir eso que la heroína es buena? Correr una maratón nos deja extenuados y doloridos; ¿quiere decir eso que el deporte es malo?

Acabo de cumplir con los 40 días seguidos de Kriyas y meditación a los que te sugieren que te comprometas para notar realmente sus efectos. Si te saltas uno, empiezas de cero, pero yo los hice del tirón. La fuerza de voluntad nunca ha sido un problema para mi. A partir de ese punto la recomendación es que se convierta en un hábito vital cotidiano, para siempre, y esa es mi intención. Y bueno, lo lógico en el día de hoy es hacer un balance y ver esos efectos prometidos.

Más allá de mi falta de objetividad y reconociento personal a mis logros, si quiero ser sincero, no puedo decir que las cosas están todo lo maravillosas que me gustaría. Sigo pendulando entre la actividad frenética laboral, física, mental y emocional por un lado, y el miedo al vacío existencial por el otro. Apartándome de conductas autodestructivas a las que estaba muy apegado, y que siguen queriendo gravitar pero resisto con firmeza, en un extraño movimiento de palanca sin punto de apoyo porque ya no soy quien era ni soy aún quien seré.

Entonces, cuando por un instante dudo si lo que hago sirve para algo, si no me siento mejor, enseguida espabilo y me digo que al contrario: si con todo esto que me pasa, puedo seguir adelante sin enloquecer ni desfallecer, será que la terapia, la respiración, la meditación, todo, me está ayudando, y a saber cómo y dónde estaría sin dedicarme a diario ese tiempo tan valioso.

Porque prefiero sentirme mal haciendo las cosas bien que lo de antes: hacer todo mal, hacerme daño, con la absurda expectativa de que no sólo iba a escaparme de los efectos sino que lo mismo, con un poco de disfrute hedonista pasajero, la cosa podría mejorar. E insistir hasta convertir el hábito en adicción, y perder el norte, y vivir enfadado y víctima por esperar estúpidamente que haciendo las mismas cosas iba a obtener resultados diferentes.

Hombre, por preferir preferir, preferiría hacer las cosas bien y sentirme bien, siempre, pero parece que no es así como funciona el trabalenguas vital. No me queda más remedio que acogerme a una nueva y factible solución, y con paciencia esperar lo mejor, preparándome para lo peor, y apuntando al medio.

The solution may not give you everything you want. Sometimes, it may give you nothing but a chance to start all over again. But whatever little it gives you is much more than you give yourself by letting your emotions tear you apart.

La clave de la felicidad

febrero 14, 2008

(dedicado a él, que se perdió de si mismo, y lo perdió todo)

La semana pasada murió el gurú indio Maharishi Mahesh Yogi, que introdujo el hinduismo “práctico” en occidente creando del método de Meditación Trascendental. Antes de él ya había importantes corrientes de yoga, pero digamos que su sistema de 20 minutos diarios de meditación dirigidos a reducir el stress y mejorar la concentración y calidad de vida, influyó mucho en la sociedad; ha sido practicada por más de 5 millones de personas. También ha sido el maestro de mi actual gurú, Sri Sri Ravi Shankar.

Mi cosmogonía personal padece de una aparente contradicción. Veamos: yo soy hijo de la razón. Me crié en un república, laica pero que sostiene (o sostenía) a su iglesia católica, de unos padres de diferentes religiones, esto es, no tuve una formación religiosa especial. Soy hijo de la razón, decía: creo en la inteligencia, el razonamiento abstracto, la conceptualización de todo. Creo en la ciencia, en los procedimientos científicos, en la prueba empírica, en la enciclopedia. Practico psicoanálisis de diván.

Pero también tengo gran facilidad para meterme de lleno en la conciencia espiritual, y no sólo en la teoría: he tenido experiencias vivenciales que se podrían considerar místicas. Casi todos mis conocimientos metafísicos los he pasado por el tamiz de la experiencia. Entiendo y comparto las teorías kármicas, las leyes de causa y efecto y tengo claro cuál es mi conciencia de reencarnación, sin atender a si creo o no, a si es verdad o no, a si se puede o no probar.

Estas dos vertientes parecen contrapuestas, pero no puedo evitar ser como soy. Mi propósito vital es desarrollarme en todas mis facetas, y el primer paso es reconocer dichas facetas, para luego ver cómo casarlas, como evitar la contradicción, o la esquizofrenia.

Uno de los temas que me agobiaban antiguamente era el concepto de la igualdad entre las personas. Yo, siendo políticamente de izquierdas, creo que todos los seres humanos somos iguales. Pero, de verdad, con una mano en el corazón, ¿realmente vemos a todo el mundo igual? Me costaba estar en paz con esa idea, y la espiritualidad me dio la solución. Todos somos iguales en el fondo: somos almas, diamantes. Pero cada uno tiene encima su propia suciedad, como barro sobre el diamante. El que lleva menos, brilla más, y otros están sepultados bajo toneladas de caca. Todos deben tener las mismas posibilidades y derechos, incluso los más desdichados y pobres merecen ayuda, pero para tratar a todo el mundo igual debo remitirme a lo que son en esencia, en el fondo, porque en este plano terrenal, no lo son, y el trabajo de limpieza lo debe hacer cada uno, nadie avanza en su limpieza porque otra persona lo quiera.

Otro tema es el de la positividad, la actitud positiva. Está claro que una actitud proactiva y relajada siempre nos va a facilitar el camino, es más atractivo para los demás, reduce el stress. Una sonrisa es siempre mejor que un ceño fruncido. Pero una actitud positiva forzada, el empeñarse en sonreír cuando todo está mal, para mi es simple y llanamente negación. A veces no estoy contento con ciertas cosas que sé que pueden cambiar (ahí está una de las claves: saber qué es lo que puede cambiar y qué no), y si mi queja va a servir para que cambie, que no me digan que esté positivo. Está claro que también hay maneras de reclamar, y estoy dispuesto a hacerlo de manera asertiva y relajada. Voy a tirar piedras contra mi propio tejado: no me gusta cuando un partido en el gobierno dice que hay que ser positivo y acusa al partido en la oposición de cenizo. Esos son argumentos vacíos, y los hemos visto miles de veces. He visto gobiernos horrorosos acusando a los contestatarios de negativos y pesimistas. Pues no. Defender la alegría, eso si, claro, totalmente a favor. Pero con un mínimo de crítica, con un estrés práctico, el estrés que sirve para levantarse por las mañanas, para progresar.

Y por último (bueno, por no eternizarme), lo de la mente vacía. La mente en si misma no es la inteligencia. La mente es una herramienta, y como toda herramienta, sirve para lo que sirve, y no se puede usar para otra cosa. Un martillo clava clavos, no sirve para acariciar. Con la mente pasa lo mismo. Sirve solamente para razonar, para hacer cuentas, para planificar procesos prácticos, pero la usamos para todo, todo el día, agitándose como un pez fuera del agua. Con la mente nos anticipamos al futuro, revisamos el pasado, intentamos adivinar intenciones en los demás, nos llenamos de expectativas que nos frustran, justificamos el ego. Cuando en meditación aprendemos a interrumpir esa actividad frenética, descubrimos lo que hay debajo, eso que está permanentemente eclipsado, ahogado, que no es ni más ni menos que nuestra verdadera naturaleza, lo que somos realmente, el observador, lo que permanece, siempre.

El estado ideal para la felicidad es una mente callada. Esta es mi dicotomía. ¿Qué hacer con la razón? Conozco muchas mentes calladas, que seguramente son felices, pero no personifican mi idea de inteligencia. Una vez más, en la misma contradicción está la respuesta. La felicidad no es un estado permanente. Nuestro diario devenir no transcurre en un estado meditativo continuo (ya me gustaría a mí). La mente tiene todo el día para hacer su trabajo, enfrentándose a situaciones donde sí puede y debe ser de utilidad, hasta donde llegue la capacidad de cada uno. Hacer el trabajo.

Pero que la mente haga solamente lo que tiene que hacer, ni más ni menos. Para que cuando esté hecho, con la satisfacción del trabajo bien hecho, seamos capaces de cumplir con el secreto mejor guardado, la clave para la felicidad:

La mente vacía, el corazón lleno… y las manos ocupadas.

Tanto tiempo y tan poca paciencia…

febrero 1, 2008

Hay que esperar. Es una frase que me resuena en el celebro en estos días. Hay que esperar. Es la conclusión a la reflexión sobre muchas cosas en mi vida actual. La paciencia no es una de mis mayores virtudes, no. Todo lo contrario. La impulsividad, la compulsividad, eso sí que me es familiar. Pero voy aprendiendo, estoy bastante mejor de lo mío.Hay que esperar, ya se lo dijo Eva de Cuatro en Alicante a Carlos de Trancho cuando llamó al móvil de Loren(z)a (carbonizada y con cara de amargada) por lo de la sustitución. Sabes qué pasa… Hay que esperar, Carlos, hay que esperar.

Yo tengo que esperar para lo del tema del apartamento en Buenos Aires. Está todo listo, tengo que enviar el dinero, o más bien depositarlo en la cuenta que me digan; ya les dije que tengo todo, pero no me responden. En 15 días ni una línea. Y no sé, lo mismo está todo bien y es sólo que yo estoy algo ansioso por ser ésta mi primera adquisición de este tipo, y simplemente tengo que esperar.

Claro, pero mientras espero me pregunto si no será una señal, y en realidad debería aprovechar este dinero para una entrada para comprarme algo por aquí (para poco dá aquí el precio de un apartamento chulo en Buenos Aires, te lo puedes creer…). De hecho estoy viendo cosas, pero no es un buen momento para embarcarme en algo así. Hay que esperar a después de las elecciones, que el mercado y la economía están muy convulsos y es probable que haya aún más novedades con los precios y los intereses. Hay que esperar.

Tengo que esperar unos días más a que cicatrice del todo lo de la pequeña intervención quirúrgica de la ingle, para que me quiten el último punto y se vaya lo morado. Tengo que esperar a los tratamientos dentales, que serán más de lo que me esperaba, con otra pequeña intervención quirúrgica, un mini injerto en la encía. Por otro lado, ayer descubrí un bultillo (lo mismo son dos juntos) en lo que vendría a ser la papada si tuviese papada, que no tengo papada pero no sé como se llama esa parte. Puede que sea un quiste sebáceo o un pelo encarnado, que lo mismo se arregla solo, pero si se enquista me lo debería quitar con otra pequeña intervención quirúrgica. Me puedo sacar un bono o algo. Pero hay que esperar.

Estoy preparando dos producciones chulas, tienen buena pinta, pero son aún herencia de la etapa anterior, no están implicados los nuevos jefes, con los que apenas he tratado, y se supone (y deseo) que van a llevar el nivel de curros en mi agencia a otra dimensión. Seguro que haremos cosas muy interesantes y distintas y con gente de nivelón, pero hasta que eso ocurra, hay que esperar.

Y hay que esperar aún para disfrutar de lo nuevo de Corazón, y lo nuevo de Ellos, y de varias otros Popin y Popout. Ahora bien, lo que espero con más ansias es lo nuevo de Chico y Chica. Se está haciendo de rogar, pero me consuela saber que seguramente nos alegrarán el verano, mucho. Hay que esperar (te alabamos señor)…

Mientras tanto, esta tarde, después de darme una vuelta por El Ego de la Pasarela Cibelas (gracias Richard), me meto a este curso en el que enseñan unas técnicas de respiración y meditación de las que daré cuenta, si lo considero oportuno, más adelante. Empieza mañana de 19:30 a 22, luego el fin de semana de 10 a 15, y de lunes a miércoles otra vez igual que el viernes. Intensivo y extensivo, no sé si actualizaré mucho mientras tanto. Me apetece mucho, me han dado muy buenas referencias, y está muy indicado para reducir el stress, mejorar la actitud ante los conflictos, es bueno para la salud en general y para las adicciones. Todo eso lo necesito. Y paciencia, paciencia para esperar los frutos.

Porque de toda la vida hago como que soy feliz, casi siempre, menos cuando me dejo llevar por el sufrimiento y la desolación absoluta. Pendulante, sabes. Pero yo sé que un día, más tarde o más temprano, me curaré y soy feliz de verdad (o algo parecido). Pero la verdad verdadera es que, para eso, de momento… hay que esperar.

Me voy a poner Atonement

enero 28, 2008

En fin, que ayer hice el relato rollo diario, que me quedó baste extenso, pero no te creas, también quedó bastante en el tintero. Mira qué gran idea para una novela: un tocho asín para contar solamente un día… Ah no, que eso ya existe, desde el “Ulysses” de Joyce hasta miles de otros. Anda, mira cómo al lo tonto me comparo con Joyce… ¿par qué no?, que diría el trasobarismo. Puede que si, pero no, no voy a hacer eso cada día. Es un poco cansado, para mi y para usted, y también algo misguiding (no me sale en espagnol, te lo juro), porque aunuqe parece preciso, siempre falta mucho y sobra algo. No sé. Habíamos quedado en que masturbaciones, las justas.

En cualquier caso, a ver… el sábado me levanté relativamente pronto, y me puse a cocinar. Sí, Lau adivinó (telefóncamente) el plato, es que es argentino: pastel de carne, que allí se conoce también como pastel de papas. Mi receta no es exactamente como esta, pero bastante parecida, y no sé por qué me dá a mi que más rica (la mía). Cuando ya estaba en el horno, me ducho y salgo raudo en la motito antes de que lleguen, a reclamar al tinte que la chupa la dejaron mal, lo dicen mal, lo hacen mal, bailas mal bailas mal, el nombre. Que me dice que no, que es mi culpa por haberla dejado ensuciar mucho por la parte de los puños, y yo no soy tan fácil de claudicar, macho; me dice que si quiere que se la deje y la repita… obvio, nene. De ahí a por los pantalones con sus bajos hechos, y me llama Snow que ya están esn casa.

Ves, ya estoy otra vez con el relato detallado. No, no, no, Amy, que ya es tarde. No me da para entrar en tanto detalle. De lo rico que estaba todo. De mi excursión a la conferencia informativa sobre un curso que voy a hacer que me va a salvar la vida, tal como lo oyes, que ya contaré según ocurra, porque siento que va a ser algo importante. De momento hice El Fuelle o Bhastrika, que es así con los brazos para arriba y luego para abajo, que está fenomenal. Ya, ya contaré. Una cosa sólo diré a ese respecto… o mejor que lo diga La Casa Azul, y que sea más de una: “Todo el mundo necesita respirar”, y “Sin contemplación la vida se me escapa/Sin meditación la muerte me señala”…

Corre que corre, a quedar con Equis (pero digo yo, si este blog ya no es anónimo, ¿llamaré a la gente por su nombre?… no sé, los graciosos seguirán con nick), que me invitaba a una invitación que le habían hecho al teatro. Parece ser que las críticas no estaban mal, pero claro, en el teatro de La Latina Turner, era de esperar. Malo no, lo siguiente. Pero la gente se reía, no sé… Yo soy muy agradecido y aprecio que por lo menos no era un tostón. Era malo y listo; tenía ritmo y tal. Momentos estelares: en el escenario, la puta rusa, y fuera de él, la acomodadora rubia que en realidad era JoséLuis Moreno de incógnito, controlando el negocio.

En el fondo fué toda una excusa para ver a Equis, darnos regalos, tomar algo, ponernos al día, y reírnos, que es lo que más me gusta de cuando nos vemos, que lo pasamos mazo wais. No sigo porque me lee y soy fóbico social (aunque estoy mejor de lo mío) . Fenomenal el encuentro, y me han quedado resonando algunas cosas de las que hablamos….

Hoy mitad genial y mitad horror espantoso. Estas sí que son cosas en las que no voy a entrar mucho ahora en este blog, que ya no es tan anónimo, pero el que me conoce sabe que tengo unos temas familiares y unas cosas…

En cualquier caso con mis sobris estuve fenomenal los dos días; a veces pienso que tengo que aprovechar, que son mis últimos momentos para aplicar el instinto paterno, con ellos, que ya están haciéndose mayores… aunque no sé si ellos piensan igual, ¡a veces creo que piensan que tengo su edad! Ya tengo las entradas para el concierto en marzo de La Casa Azul en la Joy, los chicos, Snow y yo… Cómo no iba a hacerlo, si cuando vuelvo de viaje me dice Caro: “Tío, que sepas que lo que me grabaste, La Casa Azul, me tiene obsesionada…” Ole y ole.

Siesta y gym, que ayer no pude ir, y el remate, broche de oro, al cine con Depard a ver “Expiación”. Me gustó bastante. Siempre me han llamado la atención las pelis con una gran inquietud formal, y ésta es una. No sólo en el relato, que supongo que vendría ya en la novela (lo de los palante patrás), sino más bien en la imagen, el sonido y el montaje. Cada plano está medido, cuidado, nada es casual, todo es áureo y proporcionado, todo se combina y acompasa. Hay momentos alucinantes, como el plano secuencia de Dunkerke, ¿cuánto dura? ¿Cuatro, cinco minutos? Impactante. El recurso de la máquina de escribir, fenomenal, me hizo acordar al dactilófono, el instrumento musical de Les Luthiers… Y he de reconocer que los actores están impecables.

La historia en sí me dejó una mezcla de congoja (Depard se quedó un poco tal), e indiferencia, no sé si entré del todo. Por un lado, después de ese comienzo trepidante, se pone un poco ñoña… cuando él corre detrás del autobús… uf… aunque me hizo mucha gracia el anuncio de Guiness en la parte trasera, él corriendo y lees: “Si estás cansado, tómate una Guiness”. Bueno, eso es de realización, y de guión no sé, no leí la novela, supongo que estaría todo ahí… SPOILER. Cuando está pasando todo en la casa, cuando Briony se arrepiente entre ellos, yo le decía a Depard que no podía ser, era imposible que eso fuera tres semanas antes como decía la sobreimpresión al comienzo de la secuencia. Y efectivamente, luego se ve que no ocurrió. El recurso de la ancianísima Vanessa Redgrave, no sé, una resolución tan literaria (en más de un sentido) pero también tan explicada, demasiado… Es el tipo de momento cinematográfico que me deja un poco dudoso ante tanto efectismo.

Atonement

Me dice Depard al bajarse del coche que se quedó un poco mal después de la peli, como con una opresión en el pecho… Y yo, que para tranquilizar y animar soy estupendo, voy y le suelto:

– Y si… la vida es una mierda…

– Si, si que lo es.

– Pero ves, ¿a que aunque sea una mierda se puede contar bonito?

En eso estamos.