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Errar

enero 27, 2010

Cuenta atrás para el viaje (me voy el domingo muy tempranito). Las cosas fundamentales están en orden: documentos, visados, billetes, compras esenciales, Rough Guide, consejos grosso modo, llegada, curso, segunda parte del itinerario… Sigue en el aire la tercera, la última semana. A ratos me parece bien, lo de dejarme llevar, fluir, aprender… pero luego me entra el agobio, quiero saber ya-ya si voy a hacer lo que quiero, y no quiero malgastar el tiempo. ¿Tiene que ser siempre todo como quiero, o lo que quiero es lo que me aleja de lo que es mejor?

Y ahora, a punto de empezar a organizar el equipaje, me entran las mil dudas de detalles pequeños. ¿Se puede facturar una mochila, con sus asas y correas y cosas sueltas? ¿Te dejan? Podría plastificarla. Qué lío, ¡nunca he sido mochilero! A mi edad. Lo que peor se me da es llevar poco equipaje. Se aceptan sugerencias.

Un poco gafado igual porque he leído en varios sitios y constatado algunos temas respecto a vestimenta. Aunque es invierno en la India, en los sitios a los que voy hace una media de 27/ 30º (eso en verano ha de ser el infierno). Pero no está bien visto llevar pantalones cortos. Me da rabia. Y camisetas de tirantes tampoco. Donde fueras haz lo que vieras. Me compraré allí ropa yóguica, que es chula y barata, espero no salir muy perroflauta en las fotos… Entre eso y que mucho no me voy a afeitar, ya verás.

Adaptador, saco-sábana (falda-pantalón, merienda-cena), chubasquero. Cuidado con la comida, y con el agua, con los mosquitos, con los timos… Que cuando comen con la mano es con la derecha porque con la izquierda se limpian el trasero. Que cuando dicen que sí con la cabeza hacen movimientos infinitos (ocho tumbado) que parece no, pero es que si.

Tengo que dejar traspasado el curro, no es mucho pero tampoco he conseguido que quede todo en stand by tres semanas para esperarme. En fin, ya me como yo también mucho marrones cuando se van los demás, y me los comeré en verano.

Esta semana vi el final de la 3ra temporada de Mad Men. Merece un post aparte, que lo mismo lo hago más adelante cuando haya más gente que lo haya visto. El viernes fui al concierto de Corazón con Aitor, y estuvo fenomenal. Leí mucho Alice Munro y lo debatimos en el taller (también merece un post aparte). El domingo no fui a “¡Qué Maravilla!” a mi pesar, porque no me quería encontrar con alguien que tiene que ver con mi desazón reciente. Y porque creo que estoy más cerca de un cambio de hábitos más y más profundo.

Porque he cambiado muchas costumbres, pero hasta ahora buscaba compaginar el nuevo estilo con lo anterior, con lo conocido. Inercia. Y a veces digo que para qué. No lo digo por una fiesta para señoras, porque es eso, horario de señoras, fenomenal. Lo digo más bien por “a certain itch” que me sigue invadiendo a veces. Creo que hay otro mundo esperándome, y yo me hago el remolón.

Anoche, “El holandés errante” de Wagner en el Real. Del tirón, 2 horas 20 minutos sin pausas, no me costó mucho, será porque la historia en sí es más bien pequeña. Técnicamente nada muy sorprendente; los cantantes a mi entender no son de destacar. En lo formal, algunos aciertos escénicos, casi todo en torno al agua. Y como enécdota, flipante la máquina de Coca Cola en medio del escenario (transcurre en una fábrica o algo así, una conservera dicen); la marca de refrescos es patrocinadora del teatro, pero quién se hubiera imaginado que iban a conseguir semejante product placement.

El holandés es un navegante maldito. Ha sido condenado por Satán a surcar los mares sin rumbo, y sólo una vez cada siete años puede bajar a tierra e intentar encontrar el amor fiel que lo redima, que lo ate a la vida, que dé sentido a su existencia; se lo dijo un ángel. Parece que esta vez será la buena, ¿o no?

A veces siento un poco de todo eso. Ser libre es no ser esclavo de nada. ¿Y si se consigue, qué? Sin ataduras, libre de errar y de errar, en los dos sentidos… Puede ser una condena, o una bendición si un amor (o el amor) nos redime…

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So casero, tan houser

marzo 22, 2009

Llegué a Barajas a las 7 AM, y una hora más tarde estaba en casa. Había dormido algo, la vuelta siempre es un poco rara para dormir, y más aún en estas épocas de cambios horarios estacionales (sumados a los míos por viajar, que tuve cuatro cambios en tres semanas). Una vez en casa me llama Depard y me cuenta que esa entrada del abono del Real que le había dejado yo antes de irme porque no iba a poder usarla, la había cambiado con Josel, que se iba de puen, por lo cual ahí la tenía, toda para mi, de wellcome gift: 4 horas de Wagner para espabilar. Me dije, le dije, eso a mi me interesa mucho, aunque suene raro con tol jet laj, voy a ir, así que a descansar un poco. Me dije voy a redondear las horas que faltan, y me quedé roque algunas horas.

Desperteme un poco Lost, sufriendo un fenómeno que no sé si le pasará a la gente, a mi me inquieta, lo llamaré “Síndrome de la Cigarra”, y consiste en que después de estar en un lugar donde haya cigarras chicharreando, me tiro unos días escuchándolas donde no las hay. En el avión las escuchaba, y en mi casa en Madrid las escuchaba, y es bien de loca, porque cuando siento que las siento las siento super altas, pero si me doy cuenta, me doy cuenta de que no están. Como digo, bien de loca; ya se me está pasando.

Me centré algo con la meditación, y me puse en marcha. Quedé con el Xabi, lo recogí en la motico, y fuimos a la Chueca, un poco de inmersión localista andaba necesitando. Nos pusimos medio al día, hablamos de cosas, sin perder movimiento en derredor; yo me encontraba un poco extraño a nivel indumentaria, ya que iba vestido de ópera, tampoco es que fuera de smoking pero llevaba camisa y chaleco y zapatos de vestir (vegetarianos), y las gentes de esta ciudad que con el buen tiempo salen chancletudas y bermuderas, menudo contraste.

Después me fui a Le Salón a cortarme los pelos que tenía hora, de antes. Muy bien por parte de Manu, como siempre, y al salir que me llama Miguelatos, que, oh casualidad, estaba en la adyacente plaza de Barcelosa con Tugramola, en un banco rollo homelessas. Ná, es que venían del gym y comprar o algo así. Hicimos mini risas, Tugramola se fue al teatro y Miguelatos me acompañó a un chino, que yo necesitaba un Burn para mi Wagner.

Tannhäuser estuvo fenomenal. Mis cabezaditas pegué, lo voy a confesar, pero una cosa buena de los asientos del Real es que no son muy apropiados para el dormir, ló gi co. La puesta es muy elegante, con un escenario complejo de paneles y giratorios y desniveles, muy chulo, y ya en la obertura empieza a desarrollarse lo que vendría a ser lo más impactante de la puesta, que es la ilustración orgiástica del Venusberg. Chulos y macizorras en bolas (bueno, en tetas y tanguillas), practicando todas las poses y combinaciones sexuales amatorias posibles, en pares y en conjuntos. Siendo como es de pacato el público del Real, pensé que habría alguna pataleta, pero por lo menos por mi sector, nada.

Me hizo pensar lo que veía cómo, a través del tiempo, a los pasajes moralistas de las obras alusivos a la lujuria y al deseo que luego son redimidos y/o purgados en pos de la santi y castidad, en las puestas contemporáneas se los ilustra de una forma muy literal y libre y exacerbándolos, que me parece fenomenal, pero consiguen el efecto de que la contrapartida piadosa y casta sea una memez para nada inetresante. Lo que me hizo pensar (bueno, lo pienso de siempre, tampoco es nada novedoso, sólo que algunas obras como ésta lo evidencian más), es si en realidad esto que veo no sería lo que de verdad querían decir los autores y quería ver el público calenturiento, y todo eso de la religiosidad no era más que la excusa para hablar un poco de sexo en unas sociedades reprimidas por la autoridad eclesiástica, eludiendo la censura en un juego de falsa moral. Se debe haber escrito mucho sobre esto, lo mío es una reflexión ingenua y espontánea.

Al salir no encontraba la llave de la moto, y después de volver a mi butaca a ver si se había caído y de pasar por seguridad a ver si la habían dejado, me realicé (me gusta ese anglicismo) de que seguramente la habría dejado en el compartimento de debajo del asiento. Estuve tentado de romperlo, pero lo he cambiado hace poco… Así que en un acto de serenidad y confianza en el devenir, en lugar de romper y/o sufrir y/o deambular desdichado, me vine a casa en metro. Hice bien. No tenía ni idea de si tenía llave de repuesto y menos aún dónde podría estar, pero encontré una en un cajón. No sabía si era, y en lugar de salir ansioso, me preparé una rica cena y cené en calma y con más calma me encasqueté el iPod y me volví en metro al Real para comprobar que era la llave perfecta y dentro estaban las otras y tan ricamente regresé a casa sin haber roto nada.

Cuando ya estaba listo para la descompresión, fui contactado por un asunto que lo mismo no eran horas, pero me dije, para mi cuerpo son cuatro horas menos, así  que me lié un poco en plan bien, y muy pronto no me acabé acostando. Por lo cual muy pronto no me acabé levantando tampoco, pero no me quejo; en un rato iré al gym y más tarde a ver “Los abrazos rotos”.  Antes intentaré deshacer la maleta y algunas otras actividades domésticas.

Y aunque esto está ya un poco largo, quiero escribir brevemente sobre escribir. Estoy un poco agobiado, por la vida en general y por escribir en este blog en particular. Son asuntos interconectados; es decir, el agobio vital general hace de cada cosa particular un agobio, estoy bantante agobiado por  temas laborales que no viene a cuento comentar por aquí, y por algunos asuntos familiares. Esto del blog tiene factores que pueden provocar ansiedad: si actualizo o no, si escribo de verdad sobre algunas cosas que me afectan de verdad, que si voy a ficcionalizar más, si es un mero ejercicio de redacción… Que si pongo el link en Facebook, que si lo lee alguien que no quiero, que si cuento algo que no debo, que para qué me voy a complicar, que si voy a tener lectores, que si me comentan o no… Acabo de volver a Telecine y no sé bien por qué ni sé por cuánto voy a seguir, pero si sé que he decidido, por ejemplo, hacer este post. Y sé que quiero llevar un diario. Quiero este medio de expresión porque lo disfruto de una manera extraña, como es creo cualquier expresión creativa: un poco torturante a veces, medio inevitable, satisfactoria una vez hecha pero difícil de activar en ocasiones. Lo disfruto en su complejidad, pero quiero hacerlo sencillo.

Ese proceso (simplificar lo complejo, disolver la espesura) es muy parecido al proceso para manejar los estados de ánimo difíciles, como la ansiedad o la depresión, la tristeza, la rabia, la euforia. Es enfrentarse a ellos desdramatizando, relativizando, poniéndolos en perspectiva negándome a identificarme con ellos. Poniéndome en mi lugar, que es otro lugar, que no es aquí ni allá ni con unos ni con otros ni haciendo ni dejando de hacer: es algo más profundo, más elevado, más sencillo, más expansivo, más abierto…

Porque escribir y algunas otras actividades es lo que al final me salva y si he descubierto eso no me voy a dejar llevar por las trampas del retorno. Y lo que hay de exposición en todo esto es algo que tendré que valorar e ir viendo; de momento confío en que puede ser interesante para alguien porque lo es para mi, que me ayuda, y que nadie que sea capaz de leerse semejante tocho va a pensar nada muy malo de mi. O si, pero si ya se lo leyó y piensa lo que sea, será con fundamento, ¿no?

telecine

Ópera ción

febrero 20, 2008

Me costó decidirme ayer por no ir al gym y aceptar la invitación de una productora a comer en Kabuki, y al final me alegré: muchas confidencias y comida deliciosa, pero no sé, si hubiese sabido que hoy iba a encontrarme tan mal y no iba a ir tampoco… Hace mucho que no paso dos días seguidos sin ir a entrenar, y me siento raro ¿Me habré venido vigoréxico de verdad?

Después de la comida tuve una reunión de preproducción, y mira que iba bien de tiempo para llegar al Real, que me tocaba ópera del abono, y no voy y me lío en el debate de esa página que mencionaba ayer, y casi salgo tarde por esa bobada (por cierto, gracias a los que me apoyaron, aquí y allí; espero que haya novedades al respecto pronto, pero de momento no digo nada, no vaya a ser…). Total, que yo estaba a-go-ta-do, por motivos diversos, y una ópera melodrama veneciano de casi 4 horas era lo que más me apetecía en ese momento. De todos modos salí corre que corre, y no veas cómo diluviaba, con todo lo que ello conlleva de lío de tráfico. Llego al túnel de Bailen justo sobre la hora, y hala, manifestación en Sol, con su respectivo parking de Ópera completísimo, calle Mayor cortada, etc. A esto estuve de mandar todo a tomar por saco y perder la entrada, pero no, me relajé, porque ya llegaba tarde, pero decidí ir igual. Dí las vueltas necesarias, aparqué en una callejuela, y entré a la mitad del primer acto, a verla en la pantalla de video desde una de la peceras de la 5ta planta; son unas salas que hay en los laterales que tienen sonido directo de la sala. Yo ya me había estudiado el libreto, por lo cual me enteraba de todo fenomenal aunque no veía los subtítulos.

De lo que hay que enterarse: “La Gioconda”, de Amilcare Ponchielli, es un melodrama, o mejor dicho, el colmo del melodrama. Extremísimo, exageradísimo todo, es una gozada. Lo largo es que es así, a mi me gusta disciplinarme culturalmente, lo mal acostumbrados que estamos, pero es verdad que algunos tramos se hacen absurdamente eternos. Pero tolerable. Celos, amores, cuernos, asesinatos, suicidios, incendios, no falta nada, y para colmo acaba fatal… Los cantantes todos muy correctos, sobresaliendo la prota, y eso sí, como anécdota, todos bastante gordos/as. “El amor en los tiempos del Biomanán”, se podría haber llamado.

Una peliculiaridad de esta obra es que tiene un fragmento de ballet a la mitad (bueno, hacia el final), “La Danza de las Horas”, y por primera vez bailaba en el Real Ángel Corella. Es, con perdón de los cantantes y todo lo demás, lo que la gente iba a ver, y lo más aplaudido a pesar de durar sólo 10 minutos. Mira mira, qué casualidad, buscando en yotuve he encontrado exactamente lo que vi, y es que esta puesta ya se hizo en el Liceo de Barcelona hace un par de años, también con Corella, y está editado en dvd, que un tunante colgó aquí (post scritum:si queréis flipar, mirad a partir del minuto 9:10):

¿Reconoces la música? En efecto, la has oído y visto en “Fantasía”, de Disney, bailada por hipopótamos, avestruces, elefantes y cocodrilos. En esa página salen escenas. Por cierto, volviendo al video de la ópera, eso que se ve delante, en medio del escenario, cubierta por una tela negra, es una muerta… que al final no lo estaba tanto. Cómo aguanta de inmóvil la gorda tía.

Esta mañana se me juntaron, en una, dos de mis actividades favoritas recientes: dentista y operación quirúrgica. Si si, me operaron la boca. Un colgajo se llama lo que me hicieron, es lo que viene siendo un injerto de paladar en la encía. No era nada súper urgente, pero lo tenía que hacer si quería evitar problemas mayores en el futuro; por canguele lo llevaba retrasando hace años. Al final no es para tanto, me trataron wais, no me dolió nada… pero un rollo, vamos. Salí con puntos sobre el frenillo y una plasta en el paladar que aún llevo, tengo que dormir con ello y mañana ya empiezo las curas, una semanita y listo. No quiero volver a ver una bisturí en años, que llevo una racha…

Después de la operación fui a trabajar, qué te crees. Otra reunión de preproducción, esta vez con cliente; como estaba anestesiado no me dolía nada, pero casi no podía hablar y desde luego no pude probar nada de las exquisiteces que habían puesto… hay que ver lo exquisito que se ve lo que en otras ocasiones pasas total, cuando no lo puedes comer. Frases del día: “¡cállate que no me puedo reír!”, y “cuéntame algo triste”.

A primera hora de la tarde se me había ido la anestesia, y a pesar de los nolotiles, me dolía bastante, así que ya me vine pacasa y descansé un rato hasta terapia. Ahí si, hablé normal, o sea por los codos, y estoy avanzando bastante en lo mío. Después compré una gran variedad de alimentos líquidos y blandengues. Es increíble la cantidad que hay, me hice con una dieta súper equilibrada: frutas, verduras, fibra, carbohidratos, proteínas… todo.

Desde aquí, mi pajita y yo nos despedimos hasta la próxima.

Yola tengo

febrero 19, 2008

Y qué me cuentas de ese momento fastuoso recorriendo Arco cuando de repente te topas con una especie de maja desnuda expresionista y leyendo ves que arriba a la izquierda pone “Yola” y dices… no pué ser… Y al final sí es.

yolaarco1.jpg

Antonio Ortega se llama el pintor que ha tomado a Yola Berrocal de musa inspiradora para parte de su obra.

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Me parece muy bien.

Voy a ir colgando cosillas de vez en cuando cuando me acuerde, hice pocas fotos en Arco, pero buenas buenas.

Hoy estoy un poco indignado con Buenafuente, me está cayendo fatal, esta cosa que él y el Terrat están organizando con una canción absurda para Eurovisión. Con lo que me estaba alegrando con el primer puesto de La Casa Azul, que hasta en el telediario salió anoche. Pues nada, que este freak ya se ha puesto por delante, espero que lo prohiban porque no creo que esa haya sido la idea desde un principio.

Y para colmo en una página me tratan como si las patologías de Guille me las hubiese inventado yo…

Me voy corriendo que tengo ópera en el Real, La Gioconda, 3 horas 45 del tirón, que te parece. Y mañana operación quirúrgica bucal. Ya te cuento.