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Operación operación

mayo 4, 2010

Como no sé si he dejado el blog o no, no me quiero imaginar (pero lo hago) cuando en el futuro esté con mis memorias y no me pueda acordar de algo que ni ahora mismo sé (si lo he dejado o no), y al no encontrar crónica alguna de esta temporada, crea que no pasó nada relevante. Y no. O sea, y si. Me he operado de una hernia inguinal derecha. Se llama hernioplastia, que consiste en meter para adentro lo que estaba para afuera, coserlo todo, taparlo con una prótesis (una malla de poliuretano), y coser todo por arriba, o grapar, que ha sido mi caso (12 grapas).

Los médicos son asín. Te dicen que es una operación sencilla, y eso es porque es una operación frecuente y porque no es a corazón abierto, pero es una manera muy misleading de contarlo. Yo estaba con mucho trabajo, viajes (Berlín, Bulgaria, Londres) y festivales (aunque no tengo confirmado aún si iré ni a cuál), y al decirme que me iba a casa caminando el mismo día de la operación, obviamente pensé que no tendría mucho malestar. Nunca hay que dar nada por obvio.

No quisiera desalentar a quienes lleguen aquí por una búsqueda sobre la la operación de hernia inguinal. Vamos a ver: cuando una hernia se vuelve molesta no tiene más solución que la intervención quirúrgica. Y espero que en un tiempo (han pasado 12 días nada más) esté desinflamado y sin molestias. Pero ha sido duro. Duele bastante. Cuesta moverse. Aunque aconsejan caminar un poco a partir del segundo día, y se puede, hay movimientos que te pueden hacer ver las estrellas (qué frase poco afortunada),y estornudar o toser puede ser un martirio. Todo eso se pasa, no hay que ser muy dramáticos en la advertencia, pero si te van a operar y el médico no te lo ha aclarado, prepárate para una baja de mínimo dos semanas. Y si haces trabajo físico, un mes. Volver al gimnasio de a poco, y nada de pesas en mínimo mes y medio.

Hoy es el primer día (12 más tarde como digo) que no me duele mucho. Estoy encantadísimo. Esta tarde voy al médico a que mire la herida (el fin de semana pasado al quitar los puntos de aproximación tuve un percance, se abrió de un lado, pasé unos momentos asquerosos con una doctora de urgencias que se negaba a ponerme otros puntos, pero eso es un relato autónomo), y que me cuente para cuándo cree que se desinflamará del todo; de momento es un bulto similar al de la hernia que había antes; de momento no veo dónde está el negocio. Con suerte mañana vuelvo a la ofi.

Así que Telecine del futuro: recuerda que por estas fechas pasó esto, estuviste de baja, no hiciste esa mega producción internacional, pero se la pasaste a Snow, que ya llevaba unas semanas freelance el agencia; necesitaba trabajar y así es el trabajo, un caramelo envenenado a veces, pero siempre necesario. Y que hablando de trabajo, el largometraje documental ganó un Oro en el Fiap, y otra pieza que hiciste hace poco en Sudáfrica ha sido Bronce.

Que estás reguladísimo con toda la práctica. Y ésta es la canción de estos días:

Ópera ción

febrero 20, 2008

Me costó decidirme ayer por no ir al gym y aceptar la invitación de una productora a comer en Kabuki, y al final me alegré: muchas confidencias y comida deliciosa, pero no sé, si hubiese sabido que hoy iba a encontrarme tan mal y no iba a ir tampoco… Hace mucho que no paso dos días seguidos sin ir a entrenar, y me siento raro ¿Me habré venido vigoréxico de verdad?

Después de la comida tuve una reunión de preproducción, y mira que iba bien de tiempo para llegar al Real, que me tocaba ópera del abono, y no voy y me lío en el debate de esa página que mencionaba ayer, y casi salgo tarde por esa bobada (por cierto, gracias a los que me apoyaron, aquí y allí; espero que haya novedades al respecto pronto, pero de momento no digo nada, no vaya a ser…). Total, que yo estaba a-go-ta-do, por motivos diversos, y una ópera melodrama veneciano de casi 4 horas era lo que más me apetecía en ese momento. De todos modos salí corre que corre, y no veas cómo diluviaba, con todo lo que ello conlleva de lío de tráfico. Llego al túnel de Bailen justo sobre la hora, y hala, manifestación en Sol, con su respectivo parking de Ópera completísimo, calle Mayor cortada, etc. A esto estuve de mandar todo a tomar por saco y perder la entrada, pero no, me relajé, porque ya llegaba tarde, pero decidí ir igual. Dí las vueltas necesarias, aparqué en una callejuela, y entré a la mitad del primer acto, a verla en la pantalla de video desde una de la peceras de la 5ta planta; son unas salas que hay en los laterales que tienen sonido directo de la sala. Yo ya me había estudiado el libreto, por lo cual me enteraba de todo fenomenal aunque no veía los subtítulos.

De lo que hay que enterarse: “La Gioconda”, de Amilcare Ponchielli, es un melodrama, o mejor dicho, el colmo del melodrama. Extremísimo, exageradísimo todo, es una gozada. Lo largo es que es así, a mi me gusta disciplinarme culturalmente, lo mal acostumbrados que estamos, pero es verdad que algunos tramos se hacen absurdamente eternos. Pero tolerable. Celos, amores, cuernos, asesinatos, suicidios, incendios, no falta nada, y para colmo acaba fatal… Los cantantes todos muy correctos, sobresaliendo la prota, y eso sí, como anécdota, todos bastante gordos/as. “El amor en los tiempos del Biomanán”, se podría haber llamado.

Una peliculiaridad de esta obra es que tiene un fragmento de ballet a la mitad (bueno, hacia el final), “La Danza de las Horas”, y por primera vez bailaba en el Real Ángel Corella. Es, con perdón de los cantantes y todo lo demás, lo que la gente iba a ver, y lo más aplaudido a pesar de durar sólo 10 minutos. Mira mira, qué casualidad, buscando en yotuve he encontrado exactamente lo que vi, y es que esta puesta ya se hizo en el Liceo de Barcelona hace un par de años, también con Corella, y está editado en dvd, que un tunante colgó aquí (post scritum:si queréis flipar, mirad a partir del minuto 9:10):

¿Reconoces la música? En efecto, la has oído y visto en “Fantasía”, de Disney, bailada por hipopótamos, avestruces, elefantes y cocodrilos. En esa página salen escenas. Por cierto, volviendo al video de la ópera, eso que se ve delante, en medio del escenario, cubierta por una tela negra, es una muerta… que al final no lo estaba tanto. Cómo aguanta de inmóvil la gorda tía.

Esta mañana se me juntaron, en una, dos de mis actividades favoritas recientes: dentista y operación quirúrgica. Si si, me operaron la boca. Un colgajo se llama lo que me hicieron, es lo que viene siendo un injerto de paladar en la encía. No era nada súper urgente, pero lo tenía que hacer si quería evitar problemas mayores en el futuro; por canguele lo llevaba retrasando hace años. Al final no es para tanto, me trataron wais, no me dolió nada… pero un rollo, vamos. Salí con puntos sobre el frenillo y una plasta en el paladar que aún llevo, tengo que dormir con ello y mañana ya empiezo las curas, una semanita y listo. No quiero volver a ver una bisturí en años, que llevo una racha…

Después de la operación fui a trabajar, qué te crees. Otra reunión de preproducción, esta vez con cliente; como estaba anestesiado no me dolía nada, pero casi no podía hablar y desde luego no pude probar nada de las exquisiteces que habían puesto… hay que ver lo exquisito que se ve lo que en otras ocasiones pasas total, cuando no lo puedes comer. Frases del día: “¡cállate que no me puedo reír!”, y “cuéntame algo triste”.

A primera hora de la tarde se me había ido la anestesia, y a pesar de los nolotiles, me dolía bastante, así que ya me vine pacasa y descansé un rato hasta terapia. Ahí si, hablé normal, o sea por los codos, y estoy avanzando bastante en lo mío. Después compré una gran variedad de alimentos líquidos y blandengues. Es increíble la cantidad que hay, me hice con una dieta súper equilibrada: frutas, verduras, fibra, carbohidratos, proteínas… todo.

Desde aquí, mi pajita y yo nos despedimos hasta la próxima.

Tanto tiempo y tan poca paciencia…

febrero 1, 2008

Hay que esperar. Es una frase que me resuena en el celebro en estos días. Hay que esperar. Es la conclusión a la reflexión sobre muchas cosas en mi vida actual. La paciencia no es una de mis mayores virtudes, no. Todo lo contrario. La impulsividad, la compulsividad, eso sí que me es familiar. Pero voy aprendiendo, estoy bastante mejor de lo mío.Hay que esperar, ya se lo dijo Eva de Cuatro en Alicante a Carlos de Trancho cuando llamó al móvil de Loren(z)a (carbonizada y con cara de amargada) por lo de la sustitución. Sabes qué pasa… Hay que esperar, Carlos, hay que esperar.

Yo tengo que esperar para lo del tema del apartamento en Buenos Aires. Está todo listo, tengo que enviar el dinero, o más bien depositarlo en la cuenta que me digan; ya les dije que tengo todo, pero no me responden. En 15 días ni una línea. Y no sé, lo mismo está todo bien y es sólo que yo estoy algo ansioso por ser ésta mi primera adquisición de este tipo, y simplemente tengo que esperar.

Claro, pero mientras espero me pregunto si no será una señal, y en realidad debería aprovechar este dinero para una entrada para comprarme algo por aquí (para poco dá aquí el precio de un apartamento chulo en Buenos Aires, te lo puedes creer…). De hecho estoy viendo cosas, pero no es un buen momento para embarcarme en algo así. Hay que esperar a después de las elecciones, que el mercado y la economía están muy convulsos y es probable que haya aún más novedades con los precios y los intereses. Hay que esperar.

Tengo que esperar unos días más a que cicatrice del todo lo de la pequeña intervención quirúrgica de la ingle, para que me quiten el último punto y se vaya lo morado. Tengo que esperar a los tratamientos dentales, que serán más de lo que me esperaba, con otra pequeña intervención quirúrgica, un mini injerto en la encía. Por otro lado, ayer descubrí un bultillo (lo mismo son dos juntos) en lo que vendría a ser la papada si tuviese papada, que no tengo papada pero no sé como se llama esa parte. Puede que sea un quiste sebáceo o un pelo encarnado, que lo mismo se arregla solo, pero si se enquista me lo debería quitar con otra pequeña intervención quirúrgica. Me puedo sacar un bono o algo. Pero hay que esperar.

Estoy preparando dos producciones chulas, tienen buena pinta, pero son aún herencia de la etapa anterior, no están implicados los nuevos jefes, con los que apenas he tratado, y se supone (y deseo) que van a llevar el nivel de curros en mi agencia a otra dimensión. Seguro que haremos cosas muy interesantes y distintas y con gente de nivelón, pero hasta que eso ocurra, hay que esperar.

Y hay que esperar aún para disfrutar de lo nuevo de Corazón, y lo nuevo de Ellos, y de varias otros Popin y Popout. Ahora bien, lo que espero con más ansias es lo nuevo de Chico y Chica. Se está haciendo de rogar, pero me consuela saber que seguramente nos alegrarán el verano, mucho. Hay que esperar (te alabamos señor)…

Mientras tanto, esta tarde, después de darme una vuelta por El Ego de la Pasarela Cibelas (gracias Richard), me meto a este curso en el que enseñan unas técnicas de respiración y meditación de las que daré cuenta, si lo considero oportuno, más adelante. Empieza mañana de 19:30 a 22, luego el fin de semana de 10 a 15, y de lunes a miércoles otra vez igual que el viernes. Intensivo y extensivo, no sé si actualizaré mucho mientras tanto. Me apetece mucho, me han dado muy buenas referencias, y está muy indicado para reducir el stress, mejorar la actitud ante los conflictos, es bueno para la salud en general y para las adicciones. Todo eso lo necesito. Y paciencia, paciencia para esperar los frutos.

Porque de toda la vida hago como que soy feliz, casi siempre, menos cuando me dejo llevar por el sufrimiento y la desolación absoluta. Pendulante, sabes. Pero yo sé que un día, más tarde o más temprano, me curaré y soy feliz de verdad (o algo parecido). Pero la verdad verdadera es que, para eso, de momento… hay que esperar.

Amnestesia

enero 25, 2008

Desnudo, tapado con una de esas telas verdes con agujero, en la camilla del quirófano, y la monja de verde zascandileando alrededor. Dos médicos, o uno y medio, deduzco que jóvenes tras su barbijo, y ninguno de los dos es el cirujano codillo que me atendió unos días antes, el que me operó del lunar de la espalda. Están hablando de que cuando se cae al suelo uno de sus objetos quirúrgicos esterilizados, lo mejor es apartarlo y usar otro. Menos mal.

Me dice uno de ellos, con una jeringuilla en la mano:

– Esto primero te va a pinchar, y luego te va a escocer. Es normal. Es la anestesia.

Y efectivamente. Primero me pincha, mucho, y luego me escuece un montón. Y ahí mismo, en pleno goce y disfrute de mi escuecimiento, siento el ras del corte del bisturí en mi ingle. Y cuando digo siento, no me refiero al lo típico de sentir que te están haciendo algo pero sin dolor. No. Siento que me están cortando la ingle con un bisturí y me duele. Expreso mi malestar y me suelta:

– ¿Que te duele? ¿Qué, quieres que te ponga más anestesia?

Hubiera bastado con que dejaras que haga efecto ésta, cacho cabrón. Déjalo.

– ¿Estás bien? – dice la monja verde. – Te ha bajado la tensión o algo…

Y mueve la camilla, levantándola del lado de los pies. Luego se acerca con el frasquito y veo como con las pinzas meten dentro un trozo de mí para patología clínica. Ella ve que veo y ve que no estoy bien y va y me pone sobre los ojos un paño húmedo. No digo nada, estoy entregadísimo. Siento perfectamente y veo las estrellas con cada agujereamiento para los puntos. Uno aguanto. Dos aguanto.

– ¿Cuántos son?

– Tres.

Estupendo. Se acabó. Y ahora sí, entra el otro, el anciano rey de los cirujanos. Yo sé que me habla, pero no sé qué me dice, sólo oigo dolor. Luego en el coche creo recordar no sé que de Betadine, y me doy cuenta que no pregunté nada, ni si puedo mojarlo, ni sobre ir al gym, nada. Decido ser autodidacta. Ah si, que me dijo que vuelva el jueves a revisión.

Que era hoy. Ayer resulta que decidí no ir al gym por si acaso, no vaya a ser que me salten los troi points, pero me compré unos apósitos plásticos estupendos de 3M. 3M es una marca increíble; fueron clientes míos en una época. Visitamos sus oficinas y nos enseñaron las cosas que hacen, y es la hostia. Es como si estuvieran asesorados por una cultura intergaláctica superior o algo así. Desde el Scotchgard que impermeabiliza cualquier superficie o tela, hasta las balletas cósmicas, y las cintas refractantes, no sé, todo. Pues esto se pega así y queda realmente como una segunda piel finísima y ultra adherida con su compresa delgada.

Anoche tuve una cena fiesta de mi agencia a un cliente, ese del refresco de cola famosísimo. Éramos como 80 en el Ramsés, un restaurante/ bar modernísimo (se supone) en la Puerta de Alcalá. Decorado por Starck, me recordó mucho al Teatriz cuando abrió, que también estaba decorado por él, pero si no me equivoco, eso fué hace más de 15 años… O sea que Starck viene haciendo lo mismo desde entonces, ¿o qué? ¿O sólo en Madrid? Porque en Buenos Aires yo he visto cosas suyas mucho más chulas. Este local no está mal, pero tampoco está bien. La planta de abajo es directamente una purquería. Y el público, mejor ni hablar. Yo a este tipo de lugares voy solamente para este tipo de eventos, invitado, o sea que en el fondo lo agradezco, pero podría estar sin ello, vamos.

Total, que me lío. En este bendito lugar estuve un buen rato de pié antes de la cena; por suerte cenamos sentados, y luego otro buen rato de pié. Al llegar a casa, al cambiarme el apósito para limpiar la cicatriz, veo que está todo un poco amoratado. Pienso que ha sido una reacción al apósito, y me pongo para dormir una gasa y esparadrapo. Por la mañana no sé que hacer, me quiero duchar, así que me digo que no pasa nada, me pongo otro 3M plástico, y a la ducha. A la hora de comer voy al gym, hago solamente algunos aparatos de brazos y mancuernas y abdominales, y me ducho one more time. Debajo del plástico se ve más amoratonado…

A las 6 logro escaparme de la agencia, colgado del teléfono, en medio de unas discusiones tremendas con una directora de cuentas, sobre un cliente con el que tenemos que rodar pero no tiene el producto preparado a tiempo y todo se convierte en una milonga tipiquísima en mi trabajo que si me pilla con más bríos entro al trapo y arde Troya. Pero no, yo ya no, estoy yendo al médico y luego tengo terapia y me están pasando a nivel personal cosas mucho más importantes que estar peleando con esta panda de incoherentes mentales. Digo a todo si si, no no, y cuando tengo a toda la sala de espera mirándome intentando deducir sobre qué estaré hablando, cuelgo y hasta mañana que será otro día… No, pero ojo, que mañana es el día de la publicidad, San Publicito (se celebra el día de la conversión de San Pablo, como que el rayo que le mandó Dios fue el primer anuncio convincente, pero yo creo que antes que eso fue la serpiente con Eva, pero en fin), no trabajamos. Bueno, alguna gente trabaja irremediablemente, pero yo para esto de tal no voy a la agencia ni loco. Ya tengo el día ocupadísimo de cosas muy importantes, desde primera hora. Como mucho miraré los mails, que al salir de terapia tenía varios mensajes. Si puedo y quiero…

Que me vuelvo a liar y esto se alarga. Entro a la consulta del anciano cirujano codillo; vamos a ver, túmbate, y le explico lo del apósito plástico y me dice que da igual, que eso se puede mojar, y le digo que me ha hecho alergia y me dice:

– No, no, eso es de la anestesia, a veces pasa.

Tengo un cardenal amoratado de un tamaño considerable, toda la ingle, y me dice que es la anestesia… pero, ¿qué anestesia? ¿o será que…?

En efecto, hablando luego con Doris, todo me cuadra. El mermado del cirujano becario no es que me pusiera poca anestesia, es que me la puso mal, la pone mal, la puso mal, el nombre. Se equivocó de dermis, en vez de epi la puso Blas, y por eso me dolió y por eso está ahora de todos los pantones del violeta.

Amputar a esa altura de la pierna es difícil sin que afecte a importantes zonas genitales, así que eso descartado. Habrá que esperar a que remita, pero mira qué cosa el trabajo ese de bricolaje humano. Nunca lo voy a entender. De momento, para el próximo, tararí que te vi: será con láser o con frío o alguna de estas técnicas menos invasivas.

Y sin anestesia.

Doctor opéreme… (otra vez)

enero 22, 2008

En unos momentos entro al quirófano a quitarme un lunar de la ingle. El lunar es un mal muy de mis genes, muy de mi familia. Yo a mi hace unos años me empezaron a crecer muy poquito, pero que yo lo noto, unos pocos nevus. Me quité uno de la espalda hace dos años con la intención de seguir con los demás (otro en la espalda, uno en la axila, éste de la ingle…) pero no sé si fue que tardó más en cicatrizar de lo que yo me esperaba, o si fue por trabajo o porque no me vino bien nunca en el momento adecuado (esto hay que hacerlo en invierno), el caso es que lo fui dejando.

Este último verano me probé un par de bañadores que me molaban, y resulta que el lunar de la ingle está justo ahí, un poco más debajo de la línea del bañador de natación. Ojo, de un speedo normal, que no me estaba probando tangas. Y no puede ser. En esta nueva etapa vigoréxica, quiero estar en condiciones de lucir tipín sin puntos negros. Y nada, eso, para allí que voy. Por cierto, una duda que siempre he tenido, ¿por qué en este país los seguros médicos privados (yo soy de Adeslas) conciertan con hospitales de monjas? Bueno, para empezar, por qué la iglesia se dedica a la medicina de forma onerosa, es algo que no entiendo… En fin, también lucran con la educación, pero sinceramente, no me mola mucho estar en una sala de espera que parece un convento de clausura, con folletos marianos y cosas por el estilo. Con el pollo actual montado con los abortos, la investigación con células madre procedientes de embriones, etc, me repatea bastante que mi seguro médico privado no sea laico total. Recordar plantear esto a mi seguro y/o buscar uno que me satisfaga en ese sentido, se aceptan sugestionais.

Y así es, un paso más en mi reconstrucción. Vida terapéutica. Cosa psicofísica, sabes. Ahí voy. En estos días contaré un poco más sobre otros derroteros que estoy tomando, algunos me los esperaba, otros me están sorprendiendo a mi mismo… Uy, qué tarde, ¡Doctro April Lo Pi! ¡Acuda urgentemente al quirófano!