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Ale Alepheando

noviembre 13, 2010

Entonces lo supe todo. Supe que nada es lo que parece, supe que las mayores distancias pueden acercar más a las personas, supe (pero esta vez sí que me podía fiar) que las certezas más empecinadas disfrazan miedos ignorantes, supe lo fácil que es engañar a un niño, y que muchos se salen con la suya. Supe que “Vincit Veritas”, en un escudo, es mentira. Supe canciones antiguas, ancestrales, algunas en sánscrito, que reconocieron mis genes: Om Nama Shivaya, Shivaya Om Nama. Supe, avanzando unos siglos, de agricultores hambrientos, descalzos, al abrigo del licor en los inviernos de Ekaterinoslav. Supe que era rico y que era pobre, supe que el cielo no es duro, supe que las cosas existen a mi paso (siempre lo sospeché: de pequeño mi padre me explicó que yo era un solipsista). Supe que los cuerpos hermosos en las fotos y las películas son para ver, no para ser, y casi nunca tener. Supe que lo que pide el cuerpo no es lo que necesito. Supe que la verdad es eterna y sin forma, y así supe descartar todo lo demás, todo lo que ves. Sé que lo supe, aunque me cueste pensarlo, aunque se vaya yendo.

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Errar

enero 27, 2010

Cuenta atrás para el viaje (me voy el domingo muy tempranito). Las cosas fundamentales están en orden: documentos, visados, billetes, compras esenciales, Rough Guide, consejos grosso modo, llegada, curso, segunda parte del itinerario… Sigue en el aire la tercera, la última semana. A ratos me parece bien, lo de dejarme llevar, fluir, aprender… pero luego me entra el agobio, quiero saber ya-ya si voy a hacer lo que quiero, y no quiero malgastar el tiempo. ¿Tiene que ser siempre todo como quiero, o lo que quiero es lo que me aleja de lo que es mejor?

Y ahora, a punto de empezar a organizar el equipaje, me entran las mil dudas de detalles pequeños. ¿Se puede facturar una mochila, con sus asas y correas y cosas sueltas? ¿Te dejan? Podría plastificarla. Qué lío, ¡nunca he sido mochilero! A mi edad. Lo que peor se me da es llevar poco equipaje. Se aceptan sugerencias.

Un poco gafado igual porque he leído en varios sitios y constatado algunos temas respecto a vestimenta. Aunque es invierno en la India, en los sitios a los que voy hace una media de 27/ 30º (eso en verano ha de ser el infierno). Pero no está bien visto llevar pantalones cortos. Me da rabia. Y camisetas de tirantes tampoco. Donde fueras haz lo que vieras. Me compraré allí ropa yóguica, que es chula y barata, espero no salir muy perroflauta en las fotos… Entre eso y que mucho no me voy a afeitar, ya verás.

Adaptador, saco-sábana (falda-pantalón, merienda-cena), chubasquero. Cuidado con la comida, y con el agua, con los mosquitos, con los timos… Que cuando comen con la mano es con la derecha porque con la izquierda se limpian el trasero. Que cuando dicen que sí con la cabeza hacen movimientos infinitos (ocho tumbado) que parece no, pero es que si.

Tengo que dejar traspasado el curro, no es mucho pero tampoco he conseguido que quede todo en stand by tres semanas para esperarme. En fin, ya me como yo también mucho marrones cuando se van los demás, y me los comeré en verano.

Esta semana vi el final de la 3ra temporada de Mad Men. Merece un post aparte, que lo mismo lo hago más adelante cuando haya más gente que lo haya visto. El viernes fui al concierto de Corazón con Aitor, y estuvo fenomenal. Leí mucho Alice Munro y lo debatimos en el taller (también merece un post aparte). El domingo no fui a “¡Qué Maravilla!” a mi pesar, porque no me quería encontrar con alguien que tiene que ver con mi desazón reciente. Y porque creo que estoy más cerca de un cambio de hábitos más y más profundo.

Porque he cambiado muchas costumbres, pero hasta ahora buscaba compaginar el nuevo estilo con lo anterior, con lo conocido. Inercia. Y a veces digo que para qué. No lo digo por una fiesta para señoras, porque es eso, horario de señoras, fenomenal. Lo digo más bien por “a certain itch” que me sigue invadiendo a veces. Creo que hay otro mundo esperándome, y yo me hago el remolón.

Anoche, “El holandés errante” de Wagner en el Real. Del tirón, 2 horas 20 minutos sin pausas, no me costó mucho, será porque la historia en sí es más bien pequeña. Técnicamente nada muy sorprendente; los cantantes a mi entender no son de destacar. En lo formal, algunos aciertos escénicos, casi todo en torno al agua. Y como enécdota, flipante la máquina de Coca Cola en medio del escenario (transcurre en una fábrica o algo así, una conservera dicen); la marca de refrescos es patrocinadora del teatro, pero quién se hubiera imaginado que iban a conseguir semejante product placement.

El holandés es un navegante maldito. Ha sido condenado por Satán a surcar los mares sin rumbo, y sólo una vez cada siete años puede bajar a tierra e intentar encontrar el amor fiel que lo redima, que lo ate a la vida, que dé sentido a su existencia; se lo dijo un ángel. Parece que esta vez será la buena, ¿o no?

A veces siento un poco de todo eso. Ser libre es no ser esclavo de nada. ¿Y si se consigue, qué? Sin ataduras, libre de errar y de errar, en los dos sentidos… Puede ser una condena, o una bendición si un amor (o el amor) nos redime…